Sobrevivió a una infancia marcada por el miedo y terminó convirtiéndose en una de las grandes figuras de Hollywood

Hablar de Geena Davis es pensar en una de las actrices más influyentes del cine estadounidense. Dueña de un Premio Óscar, protagonista de películas que marcaron a varias generaciones y referente en la lucha por una mayor representación femenina en la industria, su recorrido hacia el éxito estuvo lejos de ser sencillo. Antes de conquistar Hollywood, atravesó experiencias que dejaron una profunda huella en su vida y que, con el paso de los años, ella misma decidió compartir públicamente.

Nacida el 21 de enero de 1956 en Wareham, Massachusetts, Davis creció en un entorno muy diferente al mundo del espectáculo. Su familia llevaba un estilo de vida sencillo y tradicional, con valores centrados en la disciplina, el respeto y la educación. En distintas entrevistas, la actriz ha contado con humor que sus padres eran tan conservadores que solía bromear diciendo que “habrían sido amish si hubieran sabido lo que era ser amish”.

Su infancia transcurrió en un ambiente alejado del glamour. Recordó que la familia calentaba la vivienda con leña que cortaba su padre y que gran parte de los alimentos provenían de la huerta que cuidaba su madre. Esa vida tranquila contribuyó a formar una personalidad reservada, aunque también alimentó una pasión que apareció desde muy pequeña.

Según ha contado la propia actriz, apenas tenía tres años cuando sintió que quería dedicarse a la actuación. “Tenía tres años, y no tengo ni idea de cómo sabía siquiera que eso era un trabajo, porque solo nos dejaban ver películas de Disney, que eran de animación”, recordó en una oportunidad.

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