Sin embargo, aquella infancia aparentemente apacible también estuvo atravesada por momentos difíciles. Uno de los episodios que más la marcó ocurrió cuando tenía ocho años, durante un viaje familiar en automóvil junto a un tío abuelo de avanzada edad. Mientras él conducía, el vehículo comenzó a desplazarse de manera peligrosa entre otros autos. Nadie se animaba a cuestionar al conductor y el silencio dominó la escena hasta que, en el último instante, logró corregir la trayectoria y evitar un accidente.
Aquella experiencia quedó grabada en su memoria durante décadas. Más adelante explicaría que ese episodio reforzó una costumbre que la acompañó durante gran parte de su vida: priorizar siempre la cortesía, incluso cuando era necesario expresar desacuerdo. Esa reflexión se convirtió, años después, en uno de los ejes centrales de sus memorias tituladas “Dying of Politeness”.
En ese libro también abordó otro capítulo especialmente delicado de su infancia. Davis contó que, cuando era niña, sufrió una situación de abuso por parte de un vecino. Durante mucho tiempo no comprendió plenamente lo ocurrido, ya que, como ella misma explicó, no tenía herramientas para interpretar aquella experiencia.

