“Me causó mucha vergüenza que eso sucediera porque no sabía lo que él estaba haciendo cuando me tocaba de esa manera. No sabía que estaba mal”, declaró en una entrevista con Vanity Fair. Aunque su madre enfrentó al responsable y le exigió que no volviera a acercarse a su hija, nunca hubo un proceso judicial.
La actriz explicó que durante muchos años convivió con sentimientos de culpa y silencio. “Mi gran lección en la vida fue que nunca debes quejarte de nada”, recordó al analizar cómo aquella experiencia influyó en su forma de relacionarse con los demás.
A esas dificultades se sumaron los problemas de integración durante la adolescencia. Su gran estatura, que más adelante sería una de sus características distintivas, se convirtió entonces en motivo de burlas entre algunos compañeros de escuela. Davis practicó atletismo, participó en pruebas de salto y carreras con vallas, además de integrar la banda escolar tocando la flauta, pero confesó que durante mucho tiempo se sintió incómoda por destacar físicamente entre sus compañeros.
Después de finalizar la escuela secundaria estudió durante un tiempo en Suecia, donde perfeccionó el idioma, y luego ingresó a la Universidad de Boston para formarse en arte dramático. Curiosamente, años más tarde reveló que nunca terminó la carrera y que sus propios padres jamás llegaron a enterarse de ese detalle.

