Durante diez años, una madre crió sola al hijo de su hija fallecida sin conocer la identidad de su padre. Había aprendido a vivir con las preguntas sin respuesta, convencida de que jamás descubriría qué había ocurrido realmente.
Pero todo cambió una tarde, cuando visitó la tumba de su hija y una mujer desconocida apareció con un sobre que llevaba su nombre.
La mujer aseguró que había hecho una promesa y que, después de una década de silencio, finalmente había llegado el momento de cumplirla.
Un embarazo que llegó demasiado pronto
Cuando su hija tenía apenas 18 años, descubrió que estaba embarazada.
Como cualquier madre preocupada, intentó saber quién era el padre del bebé. Preguntó una y otra vez, pero siempre recibía respuestas incompletas.
—Mamá, puedo manejar esto —repetía la joven cada vez que el tema surgía.
Nunca pronunció el nombre del padre.
Tampoco explicó si él sabía que iba a convertirse en padre o si había decidido mantenerse alejado.
Con el paso de los meses, la madre comprendió que presionarla solamente provocaba más silencio. Así que decidió estar a su lado y ayudarla a enfrentar la maternidad.
Nunca imaginó que aquella sería la última etapa que compartirían juntas.
