Los restos de la cena seguían sobre la mesa. Los juguetes cubrían el suelo.
Sophie dormía de lado sobre su regazo.
Charlie se movía inquieto contra su hombro.
—No sé qué le pasa —susurró Ezra.
Tomé a Charlie en brazos.
Enseguida me agarró la camisa y se acomodó.
Ezra parecía ofendido.
Diane no dijo nada.
Desbloqueó su teléfono.
—Ezra.
Levantó la vista.
Le mostró la foto de los panqueques.
—¿Cuánto tiempo te llevó preparar este desayuno?
Su expresión se quedó en blanco.
—¿Qué?
—El desayuno.
—Mamá, ¿de qué hablas?
—¿Lo preparaste tú?
Sus ojos se posaron en mí.
Me quedé en silencio.
Diane deslizó el dedo hasta la foto del cochecito.
