Mi hija dejó caer el tenedor tres veces durante la cena: entonces vi algo debajo de la mesa y entendí que estaba en peligro.

La llegada de Thomas

A las siete de la noche sonó el timbre.

Camille apareció junto a un hombre alto, de unos treinta años, que se presentó como Thomas.

Dijo trabajar en ciberseguridad y viajar con frecuencia por cuestiones laborales.

Fue educado conmigo, demasiado correcto quizá.

Me estrechó la mano y sonrió.

—Es un placer conocerlo, Laurent. Camille me ha hablado mucho de usted.

—Espero que cosas buenas —respondí intentando bromear.

Thomas soltó una pequeña carcajada.

Nos sentamos a cenar.

Al principio, la conversación transcurrió con normalidad. Hablamos del trabajo de Camille, de sus proyectos y de algunos lugares que Thomas había visitado.

Pero poco a poco empecé a notar algo extraño.

Camille apenas hablaba.

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