“No fue un accidente”
Las siguientes palabras hicieron que su respiración se volviera pesada.
Owen explicaba que durante meses había estado preocupado por su padre.
Según la carta, el muchacho había notado comportamientos extraños y discusiones que su padre intentaba ocultar.
Pero había algo más.
Owen aseguraba que, antes del viaje al lago, había escuchado accidentalmente una conversación entre su padre y uno de sus amigos.
No comprendió todo lo que estaban diciendo, pero una frase se le había quedado grabada:
“Después del lago, nadie volverá a preguntar.”
El muchacho había comenzado a sospechar que algo no estaba bien.
Por eso decidió escribir la carta y esconderla en el lugar donde sabía que alguien terminaría encontrándola: el escritorio de su profesora.
Pero había dejado otra pista.
Una que su madre jamás habría imaginado.
La fotografía escondida
Entre las páginas apareció una pequeña fotografía.
Era una imagen tomada durante el viaje.
Owen aparecía sentado junto al muelle, mirando hacia el lago.
Pero al fondo se distinguía algo extraño.
Un bote que supuestamente no pertenecía a ninguno de ellos.
La madre miró la fotografía varias veces.
Entonces recordó algo.
La noche anterior a la desaparición, Owen le había enviado un mensaje.
Solo decía:
“Mamá, cuando vuelva tengo que contarte algo.”
Ella había pensado que se trataba de alguna preocupación propia de su edad.
Ahora aquella frase adquiría un significado completamente diferente.
