Lo mejor es reducir la presión y observar qué sucede cuando dejas de ser tú quien mantiene el contacto constantemente.
Una relación equilibrada requiere reciprocidad: ambas personas deben mostrar interés, iniciar conversaciones y dedicar tiempo al vínculo, porque cuando solo una persona se esfuerza, termina afectando la autoestima y aumentando la incertidumbre.
En este caso, la distancia es útil para obtener información si dejas de escribirle; ¿él también se esfuerza por mantener el contacto?
2. Recupera tu enfoque e inviértelo en ti mismo/a.
La segunda decisión es evitar que el comportamiento de otra persona determine tu estado emocional a lo largo del día.
Revisar constantemente el teléfono, analizar cuándo estuvo en línea, preguntarse por qué no respondió mientras esperas un mensaje puede alimentar un estado de alerta y ansiedad.
Es importante retomar las rutinas; se trata de recuperar la autonomía emocional.
Cuando tu bienestar depende excesivamente de recibir atención o validación de otra persona, cualquier cambio en su comportamiento puede sentirse mucho más intenso de lo que debería.
