hacer pequeñas cosas útiles mientras todavía podemos.
No necesitas salvar el mundo.
Llamar a una persona que vive sola.
Preparar algo para un vecino.
Escuchar a un nieto sin mirar el teléfono.
Enseñar a alguien algo que aprendiste durante décadas.
Compartir una receta familiar.
Ayudar sin necesidad de anunciarlo.
Hay una satisfacción diferente en dejar algo bueno detrás.
Con el tiempo, muchas cosas que parecían enormes pierden importancia.
El automóvil.
El título.
El cargo.
Quién tenía razón en una vieja discusión.
Pero las personas suelen recordar algo mucho más sencillo:
Cómo las trataste.
