4. APRENDE A ACEPTAR LO QUE CAMBIA SIN RENUNCIAR A QUIEN ERES
Quizá este sea el principio más difícil.
Envejecer implica cambios que no pedimos.
El cuerpo cambia.
La velocidad cambia.
Algunas amistades desaparecen.
Llegan jubilaciones.
Hijos se marchan.
Podemos perder a una pareja.
Cambiar de casa.
Necesitar ayuda para cosas que antes hacíamos sin pensar.
Y una de las mayores fuentes de sufrimiento puede ser intentar vivir permanentemente como si nada hubiera cambiado.
—Yo siempre he conducido de noche.
—Yo siempre subí esa escalera.
—Yo siempre hice todo solo.
Sí.
Pero la vida actual quizá requiere otra manera.
Aceptar ayuda no significa rendirse.
Modificar una rutina tampoco.
Hay personas que interpretan cualquier adaptación como derrota.
Entonces arriesgan su seguridad intentando demostrar que todavía pueden hacer exactamente lo mismo que a los cuarenta.
Pero quizá la pregunta correcta no sea:
“¿Todavía puedo hacerlo como antes?”
Sino:
