DEJA DE COMPARAR TU VEJEZ CON LA DE LOS DEMÁS
Una amiga viaja todos los meses.
Tú no.
Un vecino tiene ochenta y todavía trabaja.
Tú te jubilaste a los sesenta y cinco.
Otra persona corre maratones.
Tú necesitas caminar lentamente.
¿Quién está envejeciendo “mejor”?
No existe una respuesta tan sencilla.
Cada cuerpo.
Cada historia.
Cada economía.
Cada familia.
Cada estado de salud.
Son diferentes.
Compararnos constantemente puede robarnos aquello que sí tenemos.
Quizá no puedes viajar por el mundo.
Pero tienes una pequeña rutina que disfrutas.
Una familia cercana.
Un jardín.
Amigos.
Libros.
Conversaciones.
No todo lo valioso produce fotografías espectaculares.
Una vejez feliz no tiene que parecer una campaña publicitaria de jubilados saltando desde un barco.
Puede ser mucho más tranquila.
