Durante años pensé que sabía perfectamente cómo lavar la ropa. Como hace la mayoría de la gente, metía las prendas en la lavadora, añadía detergente, elegía un programa, pulsaba el botón de inicio y me olvidaba del asunto hasta que terminaba el ciclo.
Sin embargo, había algo que nunca conseguía solucionar del todo. Algunas prendas salían con un aspecto ligeramente apagado, las toallas perdían suavidad y, de vez en cuando, aparecía ese desagradable olor a humedad que parecía quedarse atrapado en los tejidos.
Probé diferentes detergentes, cambié de suavizante e incluso empecé a utilizar ciclos de lavado más largos. Durante mucho tiempo pensé que el problema podía ser la calidad del agua o incluso que mi lavadora estaba empezando a funcionar mal.
Hasta que descubrí algo sorprendentemente sencillo: el problema estaba en el cajón dispensador de detergente y, sobre todo, en la forma en que lo utilizaba y lo limpiaba.
### El pequeño detalle que solemos ignorar
El cajón de la lavadora parece una parte secundaria del electrodoméstico, pero tiene una función importante. Allí se colocan normalmente el detergente para el prelavado, el detergente para el lavado principal y el suavizante.
Cada compartimento está diseñado para liberar el producto en un momento determinado del ciclo.
El problema comienza cuando utilizamos demasiado producto o cuando nunca retiramos el cajón para limpiarlo correctamente.
Con cada lavado pueden quedar pequeñas cantidades de detergente y suavizante pegadas en las paredes del dispensador. Al principio apenas se notan, pero con el paso de las semanas comienzan a formar una película espesa y pegajosa.
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