Una chica gótica empezó a visitar a mi madre de 73 años todos los sábados. Después del funeral de mi madre, la chica me entregó una llave y me dijo: “Tu madre me pidió que te diera esto solo después de que ella ya no estuviera”.

Parte 1:
Siempre supuse que la joven gótica que visitaba a mi madre todos los sábados era simplemente una nueva amiga inusual.

Tras la muerte de mamá, descubrí que su relación había comenzado por algo mucho más profundo.

Y cuanto más aprendía, más me daba cuenta de que mi madre había pasado años cargando con un arrepentimiento que ninguno de nosotros había comprendido del todo.

Raven esperó a que casi todos se hubieran marchado del funeral antes de acercarse a mí.

Durante todo el servicio, intenté no mirarla.

Se quedó cerca del fondo de la sala, con un largo abrigo negro; sus anillos y piercings plateados reflejaban la luz cada vez que se movía.

Durante meses, la había visto sentada a la mesa de la cocina de mamá todos los sábados, como si perteneciera a ese lugar.

Nunca entendí por qué.

Ahora mi madre se había ido, y Raven caminaba hacia mí con una mano fuertemente cerrada.

—Maeve.

Me giré.

Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.

—Gracias por venir —dije.

Asintió y abrió lentamente la palma de la mano.

Una pequeña llave de latón reposaba allí.

Fruncí el ceño.

—¿Qué es esto?

—Tu madre me pidió que te la diera después de su muerte.

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