Ahora aquella pregunta adquiría un significado completamente diferente.
Regresé a casa sin contarle nada.
Ethan estaba preparando el desayuno.
Cuando me vio entrar, sonrió.
—Buenos días, mi pequeña esposa.
Me acerqué y lo abracé.
Él no notó que mis manos temblaban.
—¿Dormiste bien? —preguntó.
—Perfectamente.
Era la primera mentira que le decía en seis años.
Durante los días siguientes fingí normalidad.
Pero comencé a observar.
Descubrí que Ethan revisaba mi correspondencia.
También encontré documentos sobre mis propiedades en un cajón que yo nunca había visto.
Y entonces apareció algo todavía más inquietante.
Una carpeta.
Dentro había copias de documentos bancarios, información sobre mis cuentas y una lista de mis bienes.
Pero al final de aquella carpeta había una hoja que me dejó completamente paralizada.
Era un borrador de un documento legal.
Y aparecía mi nombre.
