4. NO ES “PERDER PODER”: ES ENTREGAR INFORMACIÓN SIN SABER QUÉ HARÁN CON ELLA
La palabra “poder” puede sonar dramática.
No pierdes mágicamente energía porque le digas a alguien:
—Hoy estoy triste.
De hecho, hablar con una persona adecuada puede ser enormemente útil.
El problema aparece cuando revelamos información sensible a personas que no han demostrado merecerla.
Supongamos que estás considerando abandonar tu empleo.
Se lo dices a un compañero:
—Estoy harto. En cuanto consiga algo mejor, me voy.
Al día siguiente tu jefe conoce la conversación.
¿Perdiste un misterioso “poder espiritual”?
No.
Entregaste información estratégica a la persona equivocada.
Otro ejemplo.
Estás atravesando dificultades con tu pareja.
Le cuentas absolutamente todo a un familiar.
Después tú y tu pareja solucionan el problema.
Pero ese familiar continúa recordando únicamente todas las cosas negativas que escuchó.
Por eso conviene preguntarse antes de hablar:
¿Necesito compartir esto?
¿Esta persona puede ayudarme?
¿Confío en cómo utilizará la información?
Tres preguntas simples pueden evitar muchos arrepentimientos.
