Cuando te pregunten: «¿Cómo estás?», no se lo digas todo: una reflexión inspirada en Carl Jung

4. NO ES “PERDER PODER”: ES ENTREGAR INFORMACIÓN SIN SABER QUÉ HARÁN CON ELLA

La palabra “poder” puede sonar dramática.

No pierdes mágicamente energía porque le digas a alguien:

—Hoy estoy triste.

De hecho, hablar con una persona adecuada puede ser enormemente útil.

El problema aparece cuando revelamos información sensible a personas que no han demostrado merecerla.

Supongamos que estás considerando abandonar tu empleo.

Se lo dices a un compañero:

—Estoy harto. En cuanto consiga algo mejor, me voy.

Al día siguiente tu jefe conoce la conversación.

¿Perdiste un misterioso “poder espiritual”?

No.

Entregaste información estratégica a la persona equivocada.

Otro ejemplo.

Estás atravesando dificultades con tu pareja.

Le cuentas absolutamente todo a un familiar.

Después tú y tu pareja solucionan el problema.

Pero ese familiar continúa recordando únicamente todas las cosas negativas que escuchó.

Por eso conviene preguntarse antes de hablar:

¿Necesito compartir esto?

¿Esta persona puede ayudarme?

¿Confío en cómo utilizará la información?

Tres preguntas simples pueden evitar muchos arrepentimientos.

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