Cuando te pregunten: «¿Cómo estás?», no se lo digas todo: una reflexión inspirada en Carl Jung

3. CONTAR DEMASIADO, DEMASIADO PRONTO, PUEDE DEJARTE EXPUESTO

Piensa en alguien que acabas de conocer.

Durante la primera conversación le cuentas:

Tus mayores inseguridades.

Los problemas con tu familia.

Lo que odias de tu pareja.

Tus dificultades económicas.

La persona que te traicionó.

Los errores que más vergüenza te producen.

Quizá esa persona sea maravillosa.

Quizá dentro de dos años sea uno de tus mejores amigos.

Pero todavía no lo sabes.

La confianza necesita tiempo.

No porque debamos pensar que todo el mundo quiere hacernos daño.

Sino porque primero necesitamos observar.

¿Cómo trata los secretos de otras personas?

¿Habla mal de todos?

¿Utiliza vulnerabilidades durante las discusiones?

¿Respeta límites?

¿Se alegra sinceramente cuando a otros les va bien?

¿Mantiene la misma versión delante y detrás de las personas?

La intimidad debería aumentar junto con la confianza.

No adelantarse a ella.

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