Una pista junto a la silla
La Madre Caridad decidió llamar a la doctora Paloma para confirmar el embarazo.
Pero antes de hacerlo, observó algo en el suelo.
Era una pequeña tira de material blanco.
La recogió cuidadosamente y la examinó.
Parecía una cinta utilizada habitualmente en procedimientos médicos.
Además, tenía un olor que le resultaba familiar.
La doctora Paloma utilizaba materiales similares durante sus visitas.
Aquello hizo que una idea inquietante apareciera en la mente de la Madre Caridad.
¿Y si los embarazos de Esperanza no eran ningún misterio sobrenatural?
¿Y si alguien dentro del convento estaba ocultando algo?
La religiosa guardó discretamente la cinta.
No dijo una palabra a Esperanza.
La doctora descubre algo extraño
Horas después, la doctora Paloma llegó al convento.
Tras examinar a Esperanza, confirmó que efectivamente estaba embarazada.
Pero la conversación privada entre la doctora y la Madre Caridad tomó un rumbo inesperado.
—Hay algo que no entiendo —dijo Paloma—. Sus análisis anteriores tampoco coincidían completamente con lo que ustedes me contaron.
—¿Qué quieres decir?
La doctora dudó antes de responder.
—Los embarazos parecen haber ocurrido con una frecuencia demasiado cercana. Además, algunos documentos médicos que recibí para preparar los controles no tienen mi firma.
La Madre Caridad sintió un escalofrío.
—¿Estás diciendo que alguien falsificó documentos?
—Eso parece.
Entonces sacó de su bolso una carpeta.
Dentro había copias de los expedientes de Esperanza.
La Madre Caridad comenzó a revisarlos.
En uno de ellos apareció un nombre que no reconocía.
Hermana Beatriz.
—¿Quién es ella? —preguntó.
La doctora levantó la mirada.
—No lo sé. Pensé que era una religiosa del convento.
Pero la Madre Caridad sabía perfectamente que ninguna hermana llamada Beatriz vivía allí.
