¿Y SI ME QUEDO DORMIDO MIENTRAS ORO?
Esto ocurre muchísimo.
Alguien comienza a orar.
Está cansado.
Cierra los ojos.
Recuerda varias cosas.
Y despierta a la mañana siguiente sin saber exactamente cuándo se quedó dormido.
Algunas personas sienten culpa.
“No terminé mi oración”.
Pero podemos mirar la situación de una manera diferente.
Si comenzaste ese momento con sinceridad y el sueño terminó venciendo a tu cuerpo, eso no convierte automáticamente tu oración en una falta de respeto.
Estabas cansado.
Dormirse es una necesidad humana.
Incluso puede existir algo reconfortante en que las últimas palabras conscientes de la noche hayan sido de gratitud, confianza o petición.
Naturalmente, si siempre te duermes antes de poder concentrarte y deseas desarrollar una vida de oración más profunda, puedes reservar también otro momento durante el día.
No tienes que elegir.
Puedes orar por la mañana y por la noche.
NO CONVIERTAS LA ORACIÓN NOCTURNA EN UNA LISTA DE PEDIDOS
Existe una tendencia muy humana:
“Dios, dame esto”.
“Resuelve aquello”.
“Haz que ocurra esto otro”.
Pedir forma parte de la oración.
No hay nada incorrecto en presentar necesidades.
Pero la oración puede ser mucho más rica.
Podemos dividirla mentalmente en diferentes momentos.
Primero agradecer.
Después reconocer nuestros errores.
Luego pensar en otras personas.
Finalmente presentar nuestras propias preocupaciones.
Por ejemplo:
“Gracias por haberme permitido llegar hasta aquí”.
“Perdóname por haber hablado con enojo”.
“Acompaña a mi madre durante su enfermedad”.
“Dame sabiduría con el problema que tengo en el trabajo”.
Una oración así deja de ser únicamente una lista de deseos.
Se convierte en conversación, reflexión y examen personal.
