ORAR ACOSTADO CUANDO ESTÁS ENFERMO
Aquí la respuesta debería ser especialmente sencilla.
Si una enfermedad, lesión, embarazo, discapacidad o edad avanzada hace difícil arrodillarse, no existe necesidad de sufrir físicamente para demostrar reverencia.
La persona puede orar acostada.
Sentada.
En una silla.
Desde una cama hospitalaria.
Incluso sin pronunciar palabras si hablar resulta difícil.
La limitación del cuerpo no limita necesariamente la profundidad de la fe.
Muchas de las oraciones más sinceras probablemente se han pronunciado desde habitaciones de hospital.
“Dame fuerzas”.
“Acompáñame”.
“Cuida a mi familia”.
“Estoy asustado”.
No necesitan una postura perfecta.
¿Y SI ORAR ACOSTADO ME HACE SENTIR DEMASIADO CÓMODO?
Aquí cada persona puede conocerse.
Si descubres que acostarte provoca que inmediatamente te distraigas, revises el teléfono o te duermas antes de poder dedicar siquiera unos minutos, puedes modificar la rutina.
Por ejemplo:
Siéntate primero sobre la cama.
Apaga el teléfono.
Ora durante cinco minutos.
Después acuéstate.
Otra opción es dedicar una oración más estructurada durante el día y dejar la oración desde la cama para un momento breve de gratitud.
No existe una sola fórmula.
La finalidad es evitar que la postura se convierta en una distracción.
