Una niña con demasiados recuerdos
El director Álvarez abrió la puerta.
La niña estaba sentada en una silla.
Tenía aproximadamente trece años.
Era más alta que Lucy.
Su cabello era diferente.
Pero cuando levantó la mirada, Margaret dejó de respirar.
Tenía los mismos ojos.
—Mamá…
Margaret corrió hacia ella.
La abrazó con desesperación.
La niña rompió a llorar.
—Pensé que nunca vendrías.
Colin permaneció inmóvil en la puerta.
—No puede ser —murmuró.
Entonces la niña lo miró.
Su expresión cambió.
—Tú.
Colin retrocedió.
—No.
—Tú me dijiste que mamá nunca me encontraría.
Margaret se separó lentamente de la niña.
—¿Qué acaba de decir?
Colin palideció.
—Está confundida.
Pero la niña negó con la cabeza.
—No estoy confundida.
Luego sacó de su bolsillo una pequeña pulsera de tela.
Margaret reconoció inmediatamente el objeto.
Ella misma se la había comprado a Lucy en su décimo cumpleaños.
—¿Dónde conseguiste eso?
—Me la pusieron cuando me llevaron.
Margaret sintió que las piernas le fallaban.
—¿Quién?
La niña miró directamente a Colin.
—Él.
