Conclusión
El arándano rojo merece un lugar dentro de una alimentación saludable, aunque no necesitemos convertirlo literalmente en “la fruta más poderosa del mundo”.
Aporta fibra, vitamina C, potasio y diferentes compuestos vegetales. Sus proantocianidinas han sido estudiadas por su capacidad para dificultar la adherencia de determinadas bacterias al tracto urinario, y la evidencia disponible indica que los productos de cranberry pueden ayudar a prevenir algunas infecciones urinarias recurrentes, particularmente en determinadas mujeres.
Pero no cura una infección urinaria activa.
No limpia mágicamente los riñones.
No elimina toxinas.
No derrite la grasa abdominal.
Y no sustituye medicamentos cuando existe una enfermedad que requiere tratamiento.
La mejor forma de aprovecharlo es mucho más sencilla: consumirlo como alimento, preferir opciones con poco o ningún azúcar añadido y combinarlo con otras frutas, verduras y alimentos nutritivos.
El verdadero poder del arándano rojo no necesita exageraciones.
Está en sus nutrientes, en sus interesantes compuestos vegetales y en lo que la ciencia sí ha conseguido demostrar hasta ahora.
