La hija que enviaba dinero desde España regresó de sorpresa y encontró a sus padres pidiendo limosna: su hermano escondía un terrible secreto.

Una casa que ya no pertenecía a sus padres

Mauricio la llamó apenas supo que había aterrizado.

Su voz parecía extraña.

—Daniela, ¿ya llegaste?

—Sí. No les dije nada porque quería sorprenderlos.

Hubo un silencio incómodo.

—Mamá y papá no están en casa. Se fueron con una tía.

Daniela frunció el ceño.

Su madre jamás le había mencionado aquel viaje.

Mientras estaba en el aeropuerto recibió un mensaje de un número desconocido.

“No vayas con Mauricio.”

Daniela volvió a leerlo.

Después llegó otro:

“Busca a tus padres en la plaza principal.”

No lo pensó demasiado.

Tomó un taxi y se dirigió primero a la antigua casa familiar.

Pero cuando llegó, se quedó paralizada.

La fachada era diferente.

Las plantas de su madre habían desaparecido.

Y sobre la puerta estaba el apellido de otra familia.

Una mujer salió al escuchar los golpes.

—¿Aquí vivía la familia Márquez?

—Sí, pero nosotros compramos esta casa hace seis meses.

Daniela sintió que le faltaba el aire.

—¿Compraron la casa?

La mujer asintió.

Luego le mostró una copia del contrato.

Daniela reconoció las firmas de sus padres.

Pero había algo todavía más perturbador.

La empresa que aparecía relacionada con la operación estaba vinculada a Mauricio.

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